doctrina

La prueba de ADN

Podríamos  decir  sin  riesgo  a  equivocarnos  que  en España, el momento procesal penal en lo tocante a la prueba de ADN, pasa por un 
momento de crisis.Y no en lo referente a su valor probatorio, pues éste está fuera de  toda  duda  y  así  lo  estableció  el  mismo  Tribunal  Supremo  el  24  de  febrero  de 1995, al considerar que “la prueba de ADN no es técnicamente determinante, pero sí de alta 
probabilidad”. Ahora bien,  esta  validez  jurídica no  resuelve  otros  aspectos  como podrían ser si, la toma de la muestra indubitada del detenido, tal como establece la Ley Orgánica 10/2007, reguladora de la base de datos policial sobre identificadores a   partir   de   ADN,   respeta   los   derechos   fundamentales   de aquél,   y   más concretamente aquéllos que están referidos a la intimidad y privacidad de los datos personales  por  un  lado,  y  la  esfera  de  la  integridad  corporal por  el  otro. No  cabe duda  por  tanto  que,  reconociendo  estos  intereses  en  conflicto, convenga una  armonización  satisfactoria  de  tal  manera  que  no  se  produzcan  irregularidades  que 
incidan  en  la  vulneración  del  derecho  a  un  proceso  con  todas  las  garantías  y  que bien  resumen  los  artículos  10,  15  y  24.2  de  nuestra  Constitución.  Así  pues,  el propósito  del  presente  trabajo es  poner  sobre  la  mesa    todos los  hitos  legales  y 
jurisprudenciales  que  hacen  referencia  a  esta  prueba  procesal,  de  modo  que  la modulación de  los  criterios  no reste o  amenace  la viabilidad  del  ADN  y  su aplicación en  los  procesos penales. Todo  ello  sin  obviar  la  regulación  legal  de  la “
cadena    de   custodia ” ,    sus    consecuencias    procesales    y    los    manuales    de procedimiento  de  la  Policía  Científica
que  la  avalan.  Los  cuales,  adecuando  su aplicación  de  manera  precisa,  son  sinónimo  de  garantía  y  respeto  a  los  derechos 
recogidos en los artículos preceptuados.

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